Por Flavia Tomaello, https://flaviatomaello.blog/, Instagram @flavia.tomaello

El cilíndrico edificio que emergió en la zona de Vitacura cuando aquello era como el lejano suburbio de Santiago de Chile se transformó en ícono. Desafiando la nada circundante (ahora repleta de tramado urbano) se irguió mitad vidrio mitad concreto. El par de ascensores vidriados que circulan en su columna vertebral, espían hacia la cordillera gracias al tejido de cubos cristalinos que transparentan la ciudad. Es tradición de viajero sentarse en el centro del lobby y disparar hacia el cielo bajo la cúpula que todo lo domina. No ha de haber una toma más instagrameada en toda la ciudad.

Hoy, luego de un arduo pasaje de manos que implicó algo años de transición y la pandemia de por medio, emergió el abanico, emblema de la cadena Mandarin Oriental, y vida nueva se ha derramado en la región. La expresión de súperlujo que propone la cadena que opera 32 hoteles y 6 residencias en 23 países con más de 7500 habitaciones, plantea un juego de seducción que, ante todo, se centra en un término que en cuestión de viajes se ha puesto de moda: la experiencia. Su arquitectura en el mundo es serena y relajada. Hay una expresión de vanguardia orientalizada que se acerca mucho a la lectura zen de los espacios, donde la madera y los colores serenos imponen estilo, pero, a la vez, no deja de exhibir riqueza en las orquídeas que nunca faltan y en grandilocuencia de espacios. Sky ofrece 15 frecuencias semanales desde hacia Ezeiza y 7 desde y hacia Aeroparque. Adicionalmente, desde el interior Argentina vuelan con 9 frecuencias semanales a Santiago desde/hacia Mendoza y con 3 frecuencias semanales a Santiago desde/hacia Bariloche (única aerolínea cubriendo esta ruta). 

Ha construido su marca sobre la excelencia en el servicio con la misión declarada de “deleitar y satisfacer completamente a sus huéspedes”. El núcleo de la marca Mandarín está inmerso en ofrecer a los clientes una experiencia inolvidable al combinar las culturas asiáticas con las expectativas internacionales. Se puede definir como un lujo del siglo XXI con encanto oriental.

La piscina más grande de la ciudad y las múltiples opciones gastronómicas continúan dándole un ambiente de resort urbano para sentirse bien. Esta locura circular tiene un impresionante atrio interior de ascensores de burbujas y pasarelas en forma de anillo que dan al vestíbulo. Es una belleza de hotel. Al atardecer, el gran panel frontal acristalado de la torre, insertado con un patrón geométrico desde el primer piso hasta el techo, le da a todo un impresionante brillo dorado. Con un toque de futurismo de la década de 1970, este es uno de los vestíbulos de hotel más impresionantes del mundo. La disposición de los restaurantes y bares es tentadora, y esa piscina al aire libre con una fuente de agua permenente es una maravilla.

Mandarin Oriental regentea el punto final del ladnscape de Santiago. ¿Qué sería sin él?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *