“La profundidad no necesita imponerse”

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By Flavia Tomaello

Por Flavia Tomaello, https://flaviatomaello.blog/, Instagram @flavia.tomaello

Desde lo alto de The First Arte, Roma aparece con una serenidad inesperada. La ciudad se extiende frente a las terrazas del hotel con un ritmo más lento, casi contemplativo, mientras la luz se posa con suavidad sobre las cúpulas y los tejados. El paisaje urbano se ordena sin esfuerzo, componiendo una escena donde el cielo, la arquitectura y el murmullo constante de las calles conviven en armonía. El edificio, de elegancia sobria, ofrece una de las miradas más refinadas sobre la capital, un punto desde el cual la ciudad parece revelarse sin necesidad de exageraciones. En ese entorno suspendido, Acquaroof se presenta menos como un restaurante y más como una expresión del presente, una manera contemporánea de habitar Roma que privilegia la sutileza por encima del espectáculo.

En este marco, la figura de Daniele Lippi adquiere un sentido particular. Chef romano de pensamiento claro y gestos medidos, entiende la cocina como una continuidad natural de su propia historia. Su vínculo con los sabores comenzó en un hogar donde la comida no buscaba protagonismo, sino cercanía. Ese aprendizaje temprano, marcado por la vida cotidiana y la importancia de compartir, dejó una huella profunda en su manera de concebir el oficio. Para Lippi, la honestidad es un valor irrenunciable, la técnica solo tiene sentido cuando acompaña a la emoción y la experiencia gastronómica alcanza su verdadera dimensión al construir un lazo humano con quien se sienta a la mesa.

Los recuerdos de una infancia atravesada por sabores simples y rituales constantes se traducen hoy en una cocina que apuesta por la coherencia antes que por el brillo. La precisión silenciosa, la calidad sostenida y la confianza en que la profundidad no requiere grandes gestos se convierten en pilares de su propuesta. Acquaroof encuentra así su identidad como espacio donde la sencillez se combina con el rigor, y la accesibilidad no implica renuncia, sino claridad de intención.

La terraza de The First Arte amplifica esta visión sin desviar su esencia. La luz abierta, el movimiento suave del aire y el pulso pausado de la ciudad influyen en una experiencia que busca equilibrio. La cocina se integra al entorno y forma parte de un conjunto armónico en el que cada elemento aporta sin reclamar protagonismo. La tradición romana, siempre presente en el imaginario culinario, aparece aquí como un sostén más que como una frontera. Lippi la aborda desde el diálogo y la escucha, la transforma con naturalidad y evita las declaraciones enfáticas, confiando en que la evolución auténtica se construye sin estridencias.

A partir de aquí, quien pregunta se presenta en su forma original, respetando la voz del chef y la claridad de su pensamiento.

¿Dónde nació, cómo era su familia entonces y qué aspectos de su infancia cree que aún influyen en su forma de cocinar hoy?

Nací en Roma y crecí en una familia sencilla, donde la comida nunca fue una exhibición, sino una experiencia compartida. La cocina era un lugar cotidiano, vivido, nunca sagrado. Creo que esto ha influido profundamente en mi forma de cocinar hoy: el respeto por la materia prima, la idea de que un plato debe ser, ante todo, comprensible y la convicción de que la experiencia gastronómica debe crear una conexión humana, no distancia.

Acquaroof ofrece una experiencia deliberadamente menos formal que la alta cocina clásica. ¿Qué significa para usted hoy crear alta cocina sin recurrir al lenguaje tradicional de la alta cocina?

Significa desplazar el enfoque del código al contenido. La alta cocina no reside en el formalismo, sino en la precisión, la consistencia y la calidad de las elecciones. En Acquaroof, el lenguaje es más directo, pero la reflexión sigue siendo profunda. Es una cocina que no necesita ser demasiado autoexplicativa, porque busca ser inmediata, sincera y accesible.

Muchos asocian la excelencia con la estructura, la solemnidad y el protocolo. ¿Cómo se construye una idea de calidad cuando se decide simplificar estas formas?

La calidad se construye en detalles invisibles. En la selección de la materia prima, en el respeto por los tiempos, en la pureza de los sabores. Reducir la forma no significa renunciar a la disciplina, sino hacerla menos evidente. Es una excelencia que no exige atención, sino que la conquista de forma natural.

¿Cree que sorprender al cliente hoy en día depende más del ambiente que de la técnica, o la cocina sigue siendo el elemento central de la experiencia?

La cocina sigue siendo fundamental, pero ya no puede aislarse del contexto. El ambiente amplifica el plato, haciéndolo memorable. Hoy en día, la experiencia es un equilibrio; la técnica debe estar presente, pero debe servir para crear emoción, no para demostrar.

En un contexto como el romano, donde la tradición a menudo prevalece como modelo, ¿qué espacio le da a la libertad creativa sin que se convierta en una pose?

La libertad creativa nace del respeto, no de la disrupción forzada. En Roma, la tradición es una base sólida, no un límite. Para mí, la creatividad es un diálogo continuo con lo existente. Y sí, sin necesidad de cambios radicales ni declaraciones de ruptura.

¿Concibes Acquaroof más como un restaurante o como un espacio de experimentación gastronómica en un formato más abierto y accesible?

Lo veo como un lugar de libre expresión, donde la cocina se mueve con naturalidad. No es un laboratorio, ni pretende serlo, pero es un espacio donde puedo presentar la cocina contemporánea de una forma más ligera, fluida e inmediata.

Cuando hablas de cocina contemporánea, ¿te refieres más a una estética, a una actitud o a una forma diferente de relacionarnos con el cliente?

Diría que a una actitud. Es una forma de escuchar al cliente, de interpretar los tiempos que vivimos. La estética es una consecuencia, no un punto de partida.

Hoy en día, muchos proyectos buscan “democratizar” la alta cocina. Para ti, ¿esto significa simplificar, relajar el tono o cambiar por completo el punto de vista?

Significa cambiar el punto de vista. No bajar el listón, sino cambiar la perspectiva. Hacer que la experiencia sea menos intimidante, más natural, sin perder su identidad ni rigor.

¿Qué crees que todavía se malinterpreta cuando hablamos de un enfoque menos estructurado, ya sea informal, sencillo o menos exigente?

A menudo se piensa que menos estructura significa menos trabajo. En realidad, es lo contrario. Quitar siempre es más complejo que añadir. Un plato sencillo requiere gran atención y control.

En tu enfoque, ¿cuál es la diferencia entre romper con el modelo Michelin y simplemente no usarlo como referencia?

No siento la necesidad de romper con nada. El modelo Michelin forma parte de mi trayectoria, pero no es el único criterio posible. Hoy en día, prefiero trabajar con libertad, eligiendo el lenguaje que mejor se adapta al contexto en cada ocasión.

Si tuvieras que definir Acquaroof con una sola idea, no como lugar, sino como concepto, ¿cuál sería?

Acquaroof es equilibrio. Una cocina marinera que parte de la pesca del día y los ingredientes más frescos, diseñada para ser más dinámica y fluida, sin perder el enfoque ni la moderación. Un equilibrio entre ritmo y calidad, entre cocina y panorama, que se expresa de forma natural en un entorno espectacular, en una de las terrazas más hermosas de Roma. Una experiencia que no altera la realidad, siempre y cuando haya que vivirla.


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