Hay universos que parecen opuestos, pero que en las manos correctas se fusionan a la perfección. Por un lado, la precisión, el rigor y la ciencia de la medicina; por el otro, la subjetividad, la emoción y la poesía de los aromas. En el centro exacto de ambos mundos se encuentra María Soledad Nardo —más conocida en redes como @solenardoscents—, médica de profesión y una de las creadoras de contenido más influyentes de la región en el universo de la perfumería y la comunicación olfativa.
En una época donde los algoritmos dictan modas pasajeras y la industria de la belleza acelera sus lanzamientos, Sole propone una pausa. Nos enseña que un perfume no es un simple accesorio, sino una extensión de nuestra identidad, un disparador de memorias y una narrativa silenciosa que habla de nosotros antes de pronunciar una sola palabra.
Desde cómo descifrar las notas de una fragancia hasta entender por qué un aroma nos conmueve o cómo lograr que perdure en nuestra piel, su mirada combina la agudeza analítica con una sensibilidad desbordante. En esta entrevista exclusiva para LatamNoticias, conversamos con ella sobre el fascinante mapa de los sentidos, los secretos detrás de la elección del perfume ideal y cómo la cultura del olfato está transformando nuestra forma de habitar el mundo.
¿Que define realmente el valor emocional o identitario de una fragancia por encima de su etiqueta de precio o estatus?
Para mí, el verdadero valor de una fragancia está en lo que logra despertar en quien la usa, mucho más que en su precio o en el nombre que aparece en el frasco.
Hay perfumes con los que simplemente nos reconocemos. Aromas que sentimos que hablan de nosotros, de nuestra personalidad, de nuestra historia o incluso de cómo queremos sentirnos en determinado momento. Y ahí aparece su verdadero valor emocional e identitario: en ese vínculo tan personal que construimos con lo que olemos.
Por eso, una fragancia accesible puede tener muchísimo más valor para alguien que un perfume de lujo. Al final, el perfume es algo profundamente íntimo. El verdadero lujo, para mí, no está necesariamente en cuánto cuesta, sino en lo que ese aroma significa para vos.
¿Es verdad que debemos elegir nuestro perfume según como queremos sentirnos ese dia y no tanto por el “lanzamiento del momento?
Es inevitable que un lanzamiento nos genere curiosidad, sobre todo a quienes seguimos de cerca el mundo de la perfumería. Queremos conocerlo, probarlo, descubrir qué tiene de nuevo y entender por qué se está hablando de él. Y creo que eso también es parte de lo lindo de este universo. Pero una cosa es dejarnos sorprender por las novedades y otra muy distinta elegir un perfume solamente porque es “el lanzamiento del momento”.
Creo que más que pensar en qué perfume “debemos” usar, podemos elegirlo según cómo queremos sentirnos ese día. El perfume puede acompañar nuestro estado de ánimo o incluso ayudarnos a construirlo: hay días en los que buscamos algo fresco y liviano, y otros en los que queremos sentirnos más seguros, elegantes, sensuales o simplemente reconfortados.
Para mí, elegir una fragancia es algo mucho más personal. Se trata de preguntarnos qué queremos transmitir, pero, sobre todo, cómo queremos sentirnos cuando la llevamos puesta. Que un perfume sea tendencia puede despertar nuestras ganas de conocerlo, pero no necesariamente significa que tenga que representarnos.
¿Cual es el método ideal para probar un perfume en una perfumeria ante de tomar una mala decisión de compra?
Para mí, la mejor manera de evitar una mala decisión de compra es no decidir un perfume por lo que sentimos en el primer spray. En una perfumería podemos utilizar el blotter —el papel secante donde habitualmente nos muestran las fragancias— como una primera aproximación, sobre todo para descartar aquello que de entrada sabemos que no nos gusta. Pero si un perfume realmente nos interesa, siempre recomiendo probarlo en nuestra propia piel.
¿Por qué? Porque es en la piel donde vamos a experimentar verdaderamente su evolución, y además no todas las pieles se comportan de la misma manera. Factores como la hidratación, la temperatura o las características propias de nuestra piel pueden modificar cómo percibimos una fragancia y cuánto tiempo permanece en ella.
También hay que darle tiempo. En los primeros minutos percibimos principalmente las notas de salida, que suelen ser las más volátiles y son apenas la presentación del perfume. Después aparecen las notas de corazón, que para mí son el “alma” de la fragancia, y finalmente las notas de fondo, formadas en general por materias primas menos volátiles, que aportan profundidad, persistencia y ayudan a anclar la fragancia a la piel.
Por eso mi método es bastante simple: primero blotter si quiero hacer una selección, después atomizar sobre mi piel y seguir con mi día. Dejar que el perfume evolucione durante varias horas y volver a olerlo en distintos momentos. Y, si la ansiedad lo permite, no comprarlo ese mismo día. Volver otro día sabiendo cómo se comportó en nuestra piel puede evitarnos muchas compras impulsivas.
Un perfume no debería elegirse solamente por cómo empieza, sino también por cómo evoluciona y, sobre todo, por cómo nos hace sentir después de varias horas.
¿Mito o realidad? ¿El Ph de la piel cambia drásticamente un perfume o es mas una cuestión de hidratación o química?
Creo que hay bastante mito alrededor de la famosa frase “este perfume cambia por el pH de mi piel”. La piel sana mantiene naturalmente un pH superficial ácido y, aunque puede haber pequeñas variaciones entre personas y según distintos factores, no podemos atribuir al pH todas las diferencias que percibimos cuando una misma fragancia se usa en distintas pieles.
En realidad, es mucho más interesante hablar de la piel como un conjunto. Su nivel de hidratación, la cantidad de sebo, la temperatura, la sudoración, la edad e incluso el lugar donde aplicamos el perfume pueden influir en cómo se comporta y en cómo percibimos su evolución.
Por ejemplo, una piel seca puede hacer que sintamos que una fragancia tiene menor duración, mientras que una piel bien hidratada suele favorecer su permanencia.
Por eso, más que decir “es mi pH”, prefiero decir que cada perfume interactúa con las características particulares de nuestra piel. Y esa es otra de las razones por las que siempre recomiendo probar una fragancia sobre uno mismo antes de comprarla.
¿Existen reglas de estación (notas cítricas para verano y amaderadas /pesadas para invierno) que hoy debamos romper o la elección de un aroma pasa 100% por una cuestión de actitud?
Creo que hoy esas reglas son mucho más flexibles. Tradicionalmente asociamos el verano con fragancias cítricas, frescas, acuáticas, almizcladas o más “clean”, y el invierno con perfumes amaderados, especiados, ambarados o gourmand, más densos y envolventes. Y tiene cierta lógica, porque la temperatura influye muchísimo en cómo percibimos una fragancia.
Pero hay algo curioso: en verano buscamos justamente esas notas cítricas porque nos transmiten sensación de frescura, cuando en realidad son algunas de las más volátiles y tienden a evaporarse con mayor rapidez. Con el calor, además, la evaporación de una fragancia se acelera y su proyección puede sentirse más intensa.
Por eso creo que más que hablar de perfumes “prohibidos” para determinada estación, hablaría de adaptar la forma de usarlos. En verano probablemente nos resulte más agradable recurrir a composiciones frescas, cítricas, almizcladas o limpias, mientras que con el frío solemos disfrutar más de aromas densos y envolventes.
Pero si alguien ama un perfume intenso, amaderado o gourmand en pleno verano, ¿por qué no usarlo? Tal vez la clave esté en la cantidad y en el momento del día. Para mí, las estaciones pueden orientarnos, pero no deberían decidir por nosotros. El perfume también es actitud, gusto personal y una forma de expresión.
Como médica y comunicadora especializada en fragancias, ¿notás que la pospandemia, con una mayor valorización de los sentidos y del bienestar, cambió la manera en que nos relacionamos con los perfumes y con los aromas en el hogar?
Creo que la pandemia puso al olfato en un lugar al que hasta entonces quizás no le prestábamos tanta atención. A partir de las infecciones por COVID-19, muchas personas experimentaron alteraciones del olfato: anosmia, que es la pérdida total de la capacidad de oler; hiposmia, cuando esa capacidad disminuye; e incluso parosmia, cuando un olor conocido comienza a percibirse de manera diferente o distorsionada.
Si bien la mayoría de las personas recuperó el olfato, en algunos casos estas alteraciones persistieron durante meses e incluso años. Y creo que atravesar la pérdida o la modificación de un sentido que utilizábamos de manera tan automática hizo que tomáramos mucha más conciencia de su importancia en nuestra vida cotidiana.
El olfato está muy relacionado con nuestra manera de experimentar el entorno, pero también con los recuerdos y las emociones. Quizás por eso, después de la pandemia, empezamos a prestarle más atención no solo a lo que olemos, sino también a cómo queremos que huelan nuestros espacios y a qué sensaciones nos generan determinados aromas.
¿Si tuvieras que definir la identidad olfativa de la Argentina o el argentino en base a las consults que recibis hacia donde se inclinan las preferencias?
Si me baso en las consultas que recibo y en lo que observo diariamente en mi comunidad, diría que las preferencias son bastante variadas y que no existe un único perfil olfativo que defina al argentino. Pero sí encuentro algunos patrones que se repiten.
Para el día suelen buscarse fragancias más suaves, frescas o versátiles, fáciles de llevar tanto para trabajar como para las actividades cotidianas. Para la noche, en cambio, aparece una mayor preferencia por perfumes más intensos, envolventes y con mayor presencia.
Y hay algo que me preguntan muchísimo, independientemente del tipo de aroma: “¿cuánto dura?”. La duración del perfume casi merece un capítulo aparte, porque depende de muchos factores y no siempre una mayor duración significa que una fragancia sea mejor. Pero claramente es algo que el consumidor argentino valora mucho.
En general, siento que nos gustan los perfumes con presencia. Queremos sentirlos, que nos acompañen durante varias horas y, muchas veces, que también sean percibidos por los demás. Después podemos discutir si preferimos un gourmand, un floral, un cítrico, un amaderado o un oriental, porque ahí los gustos se diversifican muchísimo, pero la búsqueda de una fragancia que “se haga notar” aparece con mucha frecuencia en las consultas que recibo.

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