La fábrica que decidió no quedarse quieta

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By Flavia Tomaello

Un viaje entre amigos, una máquina que sobraba en un taller metalúrgico y la costumbre de mirar de cerca lo que se hace afuera terminaron dando origen, a fines de 2023, a una de las metalúrgicas jóvenes más activas del país. Esta es la historia de Cintek contada por dos de sus tres fundadores, Tahiel Schettino Sueiro y Sebastián Cardama, desde los primeros cuadros de acero cortados a mano hasta las obras para empresas como YPF, Edenor o la AFA. Entre medio, aparecen roles que se acomodaron sobre la marcha, una fábrica que aprendió a escuchar al cliente y un socio, Cristian, que puso la experiencia metalúrgica que a los otros dos les faltaba.

En “Big”, Tom Hanks se despierta un día convertido en adulto sin saber demasiado de negocios, y termina liderando una juguetera solo porque entiende, mejor que nadie en la sala, lo que un chico quiere de verdad. Algo parecido, salvando las distancias, les pasó a Tahiel y a Sebastián al principio de Cintek, dos socios jóvenes que nunca habían pisado la oficina de un gerente de banco ni sabían instalar un balcón, pero que entendían, quizás mejor que muchos con más experiencia, qué buscaba el cliente cuando entraba a Mercado Libre.

Tres caminos que se cruzaron en un viaje

Tahiel se crió en una familia ligada al comercio, ayudando a su padre y aprendiendo, casi sin darse cuenta, a vender de forma online. Sebastián tomó un camino distinto, terminó el secundario en Argentina y se fue a estudiar a San Francisco, California, algo que no tenía nada que ver con el acero, desarrollo de interfaces y experiencia de usuario, mientras trabajaba en una compañía en Estados Unidos. El tercero, Cristian, venía de una familia con fábrica metalúrgica propia, y conocía los procesos de una planta como pocos.

El cruce entre los tres se dio en un viaje compartido entre amigos. Ahí, Cristian les contó la idea que tenía en la cabeza, una idea que nacía de una máquina láser que en su fábrica se usaba para otra cosa, y que ellos habían visto aplicada de otra manera durante sus propios viajes, en hoteles y balcones donde las chapas decorativas con dibujos ya eran moneda corriente. Sebastián sintió, en ese mismo viaje, la decisión de dejarlo todo, la carrera, el trabajo en Estados Unidos, para apostar de lleno al proyecto, y volvió a instalarse en Argentina. Tahiel se sumó con la misma convicción. Entre los tres, y con esa máquina como punto de partida, decidieron intentarlo en Argentina de una forma versátil, haciendo tanto obras completas como productos para el hogar.

La empresa arrancó formalmente a fines de 2023, con cinco o seis personas y la máquina como todo el capital. Como en cualquier proyecto que recién empieza, cada uno hacía un poco de todo, hasta que fueron encontrando su lugar. Cristian se ocupó primero de la fábrica, Sebastián de marketing, y Tahiel de la parte comercial dura, la de vender. Esos roles se fueron acomodando con el tiempo, Sebastián pasó a liderar operaciones, integrando fábrica y logística, Cristian se corrió hacia las finanzas, y Tahiel absorbió, además de lo comercial, todo el área de marketing y diseño. Hoy, la empresa reúne a casi 40 personas entre planta y equipo virtual.

El primer producto fueron cuadros decorativos para pared, cortados con la misma láser que hasta entonces servía para las chapas de obra, con diseños como colibríes o trípticos del árbol de la vida. La instalación era tan simple como pegar una cinta doble faz atrás y montarlo directo en la pared, sin perforar nada. En una plancha completa de chapa entraban cinco cuadros, y la producción de cada tanda tardaba media hora. La lógica comercial, desde el día uno, fue publicar diseños en Mercado Libre y fabricar recién cuando llegaba la venta, sin stock acumulado, una dinámica que la empresa conserva hasta hoy, aunque ya completamente sistematizada, con órdenes de producción que le llegan a cada operario apenas se concreta una venta.

De los cuadros a un ecosistema de productos

Ese primer producto no duró solo mucho tiempo. El siguiente salto fue la chapa decorativa propiamente dicha, que la empresa empezó a vender de dos maneras, suelta, para que el propio cliente o su herrero armaran la obra, o integrada, con Cintek encargándose de medir, presupuestar y ejecutar el trabajo completo, caños incluidos. De ahí surgió una de sus líneas más fuertes, las puertas granero, corredizas, rediseñadas en madera, en chapa decorativa o en hierro, un producto que hoy se vende muchísimo y que combina, según el material elegido, un aire rústico o uno más moderno.

El catálogo siguió creciendo a partir de algo tan simple como escuchar. Cuando un mismo pedido se repetía, una medida particular, un color, una necesidad puntual, la empresa detectaba un patrón y desarrollaba el producto, o directamente reversionaba algo que ya funcionaba bien. Así llegaron los estantes y repisas para baño, los organizadores de cocina, los porta servilletas, los elevadores de monitor para oficina, y, más recientemente, un porta leñas que Tahiel describe como el ejemplo perfecto de intuición comercial, un producto que nadie estaba pidiendo explícitamente pero que, apenas se lanzó un viernes, vendió más de treinta unidades en un fin de semana solo por Mercado Libre.

Ordenar ese apetito por abrir categorías nuevas no fue sencillo. Definir qué desarrollar primero fue un proceso que lideró Tahiel desde el área comercial, mientras que del otro lado, en producción, el desafío era adaptar la fábrica a lanzamientos constantes sin frenar nunca la venta. Hoy la empresa mide ese equilibrio con un indicador de satisfacción y entrega que se mantiene en el 99 por ciento, y que funciona como termómetro permanente de que todo el proceso, desde el pedido hasta el despacho, salga como el cliente espera.

La maquinaria fue, en ese sentido, una decisión estratégica más que técnica. Cristian, con su ojo entrenado en la industria metalúrgica, definía qué equipos comprar, priorizando muchas veces una opción algo más cara pero con un servicio de posventa presente y confiable, por encima de otra más barata sin respaldo, un criterio que terminó siendo clave incluso con maquinaria importada de China, donde ciertas marcas ya ofrecen soporte local. A eso se sumó, con el tiempo, un sistema de mantenimiento predictivo apoyado en inteligencia artificial, que guarda el historial de cada rotura y calcula cuánto tiempo de producción se pierde en cada reparación, un dato que hoy se incorpora al cálculo de cada orden de fabricación.

El salto a las grandes ligas y la cultura que lo sostiene

La tienda online fue, desde el principio, el primer canal de ventas, arrancando por Mercado Libre y expandiéndose después hacia la venta mayorista, los puntos de venta físicos y, más adelante, Easy, la cadena que hoy le da a Cintek presencia en todo el país junto a más de 200 distribuidores entre tiendas de aberturas y herrajes. Cada canal exigió aprender una lógica distinta. Mercado Libre premia el algoritmo, las fotos, los títulos, un juego más digital y medible, mientras que el canal mayorista se sostiene en la relación humana con el proveedor, en ofrecer una barrera de entrada baja, con pedidos chicos para que el comercio conozca el producto antes de comprometerse con un volumen mayor.

Ese aprendizaje también sirvió para llegar a clientes de otra escala, como YPF, Edenor, la AFA o la municipalidad de Vicente López, empresas que llegaron muchas veces después de ver en Mercado Libre una marca prolija, seria, con buena entrega, y que después se acercaron para obras o compras mayoristas puntuales. Cristian, más maduro en el trato con este tipo de interlocutores, ayudó a los otros dos a moverse en terrenos que hasta entonces les eran ajenos, como hablar con el gerente de un banco o negociar con una cadena como Easy, hasta que entendieron que ese mundo se parece menos a las películas de saco y corbata y más a un juego de confianza sostenido en el tiempo.

Crecer, sin embargo, no significó lo mismo en todas las áreas. Sebastián identifica la parte productiva como la más compleja de escalar, porque ampliar una fábrica requiere primero instalar una cultura de calidad en cada colaborador de planta, algo que no se logra a la misma velocidad con la que crece el comercio electrónico. Hoy esa fábrica funciona con una lógica que él compara, en escala menor, con la de Amazon o Mercado Libre, y con tablets en cada sector que le indican a cada operario qué instrucción seguir, qué chequeo de calidad realizar cada cierta cantidad de unidades, y que descuentan de forma automática el consumo de materia prima del stock, un detalle que la empresa considera clave para detectar los costos ocultos que suelen esconderse en cualquier planta.

Esa misma experiencia les enseñó a desarmar un prejuicio propio, el de creer que los puestos de mayor responsabilidad en fábrica o logística necesitaban, sí o sí, un perfil académico fuerte. Con el tiempo descubrieron que muchos de los jefes que hoy conducen esas áreas no son ingenieros ni tenían experiencia previa en el rubro, y que lo que realmente marca la diferencia es la capacidad de adaptarse rápido a un problema nuevo, algo cada vez más valioso en un contexto donde la información se actualiza todos los días y donde, como dice Tahiel, quien se aferra a una sola habilidad corre el riesgo de dejar de ser útil.

Los proveedores fueron otra pieza central de esa madurez. Cintek trabaja con marcas como la tecnología de corte Bodor, acero Sternium, pintura Sinteplast y adhesivos 3M, y elige a cada uno no solo por precio sino por calidad y cumplimiento de entrega, apoyándose en un sistema de compras que va calificando a cada proveedor según su historial, para decidir en cada pedido con quién conviene trabajar. La lógica es simple, si la empresa aspira a ser grande, necesita rodearse de proveedores igual de sólidos.

Lo que viene y lo que ya se cruzó por el mundo

La ambición de Cintek no se detiene en el mercado local. En un viaje a China el año pasado, sus fundadores se encontraron con las mismas puertas granero y las mismas chapas decorativas instaladas en hoteles, y, de vuelta, en una escala en Turquía, volvieron a verlas adaptadas a una arquitectura completamente distinta, la de los balcones de Estambul, donde ese material que a priori parecía no combinar con un estilo europeo terminaba integrado con naturalidad. Exportar sigue siendo, para ellos, una materia pendiente y un desafío que les entusiasma, más allá de las diferencias culturales o idiomáticas que implica salir a vender afuera.

Mientras tanto, en el plano local, la empresa acaba de lanzar una línea de muebles de alta gama llamada RoVle, con mesas de madera maciza y patas de diseño exclusivo, además de bibliotecas, escritorios y bancos para exterior con mesa incluida, todo pensado para un nicho más chico y producido en una línea separada, artesanal, a cargo de los mejores soldadores de la planta. Es un desarrollo que, según cuentan, sorprende a quien lo ve por primera vez, al punto de preguntar si viene de Europa, cuando en realidad se fabrica ahí mismo, en la misma fábrica que arrancó con cinco cuadros de acero y una máquina que sobraba.

Lo que atraviesa toda la historia, más allá de cada producto puntual, es una obsesión compartida por la calidad y por hacer las cosas cada vez mejor, algo que los propios socios describen como pasión y que intentan trasladar a cada colaborador, desde quien suelda una mesa hasta quien atiende una consulta por WhatsApp. Esa cultura, dicen, es la que les permitió pasar de ser dos chicos que no sabían cómo se instalaba un balcón a construir, en poco más de dos años, una fábrica de casi 40 personas con clientes que van desde el hogar más chico hasta las empresas más grandes del país.

@cintek.ar


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