Por Flavia Tomaello, https://flaviatomaello.blog/, Instagram @flavia.tomaello
El número cuatro de la avenida guarda una historia que la ciudad conocía de memoria mucho antes de que existiera ningún comunicado de prensa. En los años ochenta, ese domicilio funcionó como punto de encuentro nocturno, de esos que se mencionaban entre susurros y que definían, sin proponérselo, el pulso social de todo un barrio. Con el paso de las décadas, la dirección quedó dormida, hasta que Gilbert y Thierry Costes decidieron reactivarla.
El proceso no fue instantáneo. El restaurante y el club abrieron primero, y recién en marzo de 2025 se sumó la ampliación hotelera, hasta completar en febrero de 2026 el conjunto tal como funciona hoy, con quince habitaciones, un restaurante de servicio continuo y un club privado que ocupa los niveles inferiores del edificio. A esta altura del año, la propuesta ya lleva meses de rodaje, y el resultado permite hablar de un proyecto consolidado, no de una promesa a futuro.
Frente al Arco del Triunfo, en el corazón del distrito dieciséis, el edificio haussmanniano fue reinterpretado por el estudio de Martin Brudnizki, que tomó como referencia “La leyenda de los siglos”, el extenso poema de Victor Hugo, para construir un recorrido interior atravesado por ideas de metamorfosis y renacimiento. Mosaicos con criaturas mitológicas, terciopelos densos, mármoles circulares y estructuras lumínicas de carácter escultórico ocupan cada rincón, sin que exista una frontera clara entre decoración y relato.
Consultada sobre el proyecto, Victoria Faucanie, responsable de Comunicación y Marketing del grupo Beaumarly, prefirió no aislar la figura de un chef dentro de esa arquitectura. Eligió explicar el conjunto. “La propiedad fue pensada como una experiencia total, donde el restaurante, el diseño, el hotel y el club funcionan de manera articulada”, explicó, dejando en claro que ninguna de esas partes se sostiene por separado.
Una cocina construida para dialogar
Sobre la relación entre la propuesta gastronómica y semejante despliegue visual, la ejecutiva fue precisa. “La cocina forma parte esencial de la experiencia. Igual que los interiores, juega con contrastes: resulta elegante sin volverse intimidante, refinada aunque generosa, contemporánea sin perder cierta base clásica y accesible.” Agregó también una referencia directa a la tradición del grupo, mencionando “el toque distintivo de Costes, con un ligero giro” como parte de la identidad culinaria.
La ubicación tampoco funciona como dato accesorio. Sobre una de las doce avenidas que desembocan en la Étoile, el establecimiento combina vecinos habituales con viajeros llegados de distintas latitudes, y la carta busca sostener esa doble pertenencia. Según detalló Faucanie, el menú “refleja esa identidad dual, con ingredientes franceses de excelencia, recetas tradicionales reinterpretadas desde una mirada contemporánea, e influencias internacionales que dialogan con un público cosmopolita”.
Entre los platos que sostienen esa premisa aparecen el paccheri rigati con caviar, los rollitos estilo maki de tartar, la cecina elaborada con carne wagyu y el ya reconocido bacalao plateado. Detrás de esa selección, Faucanie identificó tres principios que ordenan cada decisión en cocina, la calidad del producto, la claridad dentro del plato y la búsqueda de placer inmediato. “Trabajamos con ingredientes cuidadosamente elegidos, cocciones precisas y preparaciones donde el producto conserva el protagonismo”, resumió.
El horario extendido constituye otra particularidad dentro del panorama parisino. Con apertura desde las siete y media de la mañana hasta la madrugada, el servicio continuo permite recorrer desayuno, almuerzo, cena y brunch dominical sin interrupciones, algo poco frecuente entre establecimientos de similar categoría. Cada franja conserva su propia identidad sin resignar coherencia con el resto, según explicó Faucanie: “el desayuno apunta a la frescura y cierto disfrute inmediato, el almuerzo y la cena se piensan generosos, mientras el brunch dominical funciona como una verdadera instancia de encuentro”.
Tres públicos distintos conviven bajo el mismo techo, huéspedes del hotel, residentes del barrio y miembros del club, sin que esa diversidad haya derivado en propuestas segmentadas. “Buscamos sostener una misma experiencia para todos, generosa, elegante y hospitalaria, más allá de si la persona duerme en una habitación, vive a metros de la puerta o forma parte del club”, detalló Faucanie, negando cualquier jerarquía entre esos perfiles de comensales.
Sortear el estereotipo del restaurante de hotel de lujo, muchas veces ligado a cierta solemnidad, apareció como preocupación explícita desde el diseño original del proyecto. “Optamos por privilegiar lo genuino frente a lo demostrativo. La intención nunca fue construir una cocina almidonada, sino platos que las personas realmente deseen compartir y a los que quieran volver”, sostuvo. Bajo esa misma lógica, definió el lujo como una cuestión ligada a la coherencia del conjunto, a la honestidad de cada producto y a la atención puesta en los detalles menores, antes que a cualquier gesto ostentoso.
Vincent Darré firma la dirección artística y el diseño de las quince habitaciones del hotel, mientras Brudnizki conserva el control de los espacios compartidos, en una combinación que equilibra excentricidad y sobriedad dentro de una misma dirección postal.
Proyectando la mirada un año hacia adelante, Faucanie eligió responder desde lo intangible antes que desde lo estrictamente gastronómico. “Nos gustaría, sobre todo, que quede la memoria de una experiencia completa. Algunos platos seguramente perduren, pero lo que realmente esperamos dejar es el recuerdo de un momento particular: un almuerzo bañado de luz, una cena que se prolonga dentro del club, una charla entre copas, o simplemente una atmósfera irrepetible”, concluyó.
Entre criaturas mitológicas talladas en mosaico y un menú pensado como continuación de ese mismo relato visual, la propuesta no construyó su identidad alrededor de un ingrediente insignia ni de una técnica particular. La construyó, según las propias palabras de Faucanie, alrededor de una forma singular de recibir. Frente al Arco del Triunfo, esa parece ser la verdadera herencia que la avenida Victor Hugo terminó de recuperar.
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