Un día entero en la colmena

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By Flavia Tomaello

Por Flavia Tomaello, https://flaviatomaello.blog/, Instagram @flavia.tomaelloLa mañana en Urban Hive Madrid arranca despacio, casi sin que te des cuenta. Bajás al lobby y encontrás un espacio abierto y luminoso donde la gente desayuna sin apuro, algunos con la notebook abierta, otros simplemente mirando pasar al resto. Es difícil no pensar, apenas te sentás ahí, que este mismo edificio funcionó durante décadas como sede de la vieja compañía Telefónica, construido en 1954 en plena Plaza de Santo Domingo. El hotel juega bastante con esa historia, resumida en una frase que aparece en su propia presentación, donde antes se conectaban llamadas, ahora se conectan personas, y la verdad es que caminando por ahí a primera hora se entiende bastante bien esa idea.

El diseño interior, firmado por el estudio francés Maison Malapert, se inspira en la estética de los años cincuenta pero sin quedarse pegado a ella, combinando materiales nobles con líneas actuales. Es un tipo de nostalgia bien dosificada, que no te hace sentir en un museo sino en un lugar con historia que sigue funcionando en tiempo presente.

Hacia el mediodía conviene escaparse un rato al patio interior, un espacio con jardines verticales que aparece casi de sorpresa en el centro del edificio. La luz entra distinta ahí, filtrada por la vegetación, y el ruido de la calle queda completamente afuera. Es el tipo de lugar donde terminás quedándote más tiempo del planeado, con un café en la mano, sin ninguna prisa por moverte.

Si el hambre aprieta, la propuesta gastronómica del hotel tiene nombre propio, GINA Madrid, liderada por el chef Matteo Sciacovelli, que trabaja la tradición italiana desde una mirada mediterránea y española. Al mediodía lo más lógico es sentarse en GINA Restaurant, donde manda el fuego, el producto fresco de temporada y esa manera italiana de comer sin apuro, con platos pensados para el centro de la mesa y compartir entre varios.

La tarde cambia de ritmo por completo, y ahí es cuando conviene subir a la séptima planta, donde está el gran protagonista del hotel, la piscina infinity bautizada GINA Oasis. Las vistas panorámicas se extienden desde el Palacio Real hasta la Sierra de Guadarrama, y el espacio funciona como una especie de balcón permanente sobre la ciudad. En esta parte del día la cocina de GINA Oasis muestra su versión más ligera y cosmopolita, con influencias japonesas que se cuelan entre platos italianos, además de una coctelería con pequeños guiños a la flora madrileña en ingredientes y aromas.

Con la caída del sol, la azotea cambia otra vez de personalidad. Los que estuvieron nadando durante la tarde se quedan para el aperitivo, se suman huéspedes que solo subieron a mirar el atardecer, y el lugar se convierte en un punto de encuentro que trasciende bastante la lógica tradicional de un hotel, porque está pensado para funcionar también como espacio abierto a la ciudad, no solamente a quien duerme ahí esa noche.

De noche, si preferís quedarte más tranquilo, las 144 habitaciones del hotel ofrecen ese mismo equilibrio entre diseño contemporáneo y calidez que se respira en el resto del edificio. Las categorías especiales, las suites Violeta y Clavel, llevan el nombre de dos flores representativas de Madrid, un detalle que conecta directamente con la identidad de la ciudad incluso en el detalle más pequeño de la decoración.

Vale la pena mencionar también que el hotel no se queda quieto en ningún momento del calendario, con una programación constante que incluye sesiones de vermut, DJ sets, showcookings y encuentros vecinales pensados para mezclar huéspedes y madrileños en el mismo espacio. Por los pasillos también hay una selección de obras de arte hechas por artistas locales, todas mujeres, que dialogan con la identidad y la energía de la ciudad. Y para quien necesite algo más formal, cuatro salas de eventos modulables, bautizadas Olmo, Madroño, Jara y Retama en homenaje a la naturaleza de la región, completan la propuesta con tecnología audiovisual y una estética tan cuidada como la del resto del hotel.

Todo esto forma parte de la apuesta de Hively Hospitality, grupo francés fundado en 1988 y con más de ochenta hoteles y centros de bienestar repartidos por Europa, que replica en Madrid el modelo que ya funcionó en Urban Hive Milano, con la vista puesta en la próxima apertura de Urban Hive París. La directora general del hotel, Beatriz del Río, resumió la ambición del proyecto como la de convertirse en referente de una hospitalidad híbrida, capaz de borrar la frontera entre quien viaja y quien vive ahí siempre.

Y cuando cerrás el día, ya sea desde la piscina, desde el patio o desde el lobby, queda claro que Urban Hive Madrid no funciona como un hotel de paso, sino como un lugar que te invita a quedarte un rato más, aunque sea solamente de visita.

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