Últimas 9 semanas de “Chicos Católicos”

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La obra más relevante y desopilante de la cartelera teatral de Buenos Aires “Chicos Católicos, Apostólicos y Romanos®”, que lleva su 7ma temporada consecutiva con gran éxito se despide definitivamente. Fue el único espectáculo independiente que trascendió el Teatro convencional convirtiéndose en una marca registrada con proyección multiplataforma – +info www.chicoscatolicos.com.ar

La obra comienza con la llegada de un ángel, o un «casi ángel», encarnado en la figura del portero de la escuela (Agustín Sierra), quien tiene la misión de convencer a cuatro chicos para que tomen la Primera Comunión con los demás compañeritos del curso.

La historia se compone de una sucesión vertiginosa de conversaciones —a veces en clase, a veces en el recreo— entre los alumnos, el portero y los maestros de la escuela. En ellas se evidencian, por un lado, las dudas y los planteos con respecto a la religión mal entendida, a los pecados, al Cielo, al Infierno, y por otro, las preguntas propias de la edad en torno a la sexualidad y otros tabúes, que llevan a situaciones propias del teatro del absurdo o del grotesco.

 Cabe aclarar que la obra no está enfocada solo a la crítica religiosa sino que también abarca temas de la sociedad en general: la mala educación, la discriminación y a las agresiones que nacen desde el miedo y la censura ya que todo se ve como un pecado. Las metáforas o los eufemismos llevan a representaciones extrañas de la imagen de Dios, portador de un rayo que lanza sobre la gente cuando está enojado, o a groseras confusiones, como por ejemplo, el problema del cofre y la llave para referirse a los genitales.

 Crecer implica angustias y también se evidencian en el bullying al chico gordo (Emyliano Santa Cruz), la burla al chico que va a ser gay cuando madure (Nicolás Maiques), al que tiene una visión inocente del mundo (Juan Guilera), al que nunca entiende nada (Juan Paya) y al portero por ser de una extracción social diferente.

 El director Carlos Kaspar utiliza pocos recursos para lograr espacios consistentes: cuatro cubos que se disponen de tal modo que cambian la escenografía de un momento al otro y una imagen de Cristo con una estética campestre elevado en el centro del escenario. Con un juego de luces, la música y el reacomodamiento de los cubos, cambia por completo el ambiente, de un instante a otro.

«Chicos Católicos, Apostólicos y Romanos», se ha convertido en una obra de culto que lleva siete temporadas consecutivas y atrae a público de todas las edades.

 

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