“Nunca le digas que no a un cliente, aunque te pida la luna”, definía Cesar Ritz el subtítulo del servicio en sus hoteles. Y la luna de Madrid… ¡Ay la luna de Madrid! Es esa de la que se enamoró el toro en la tonada de Carlos Castellano en 1964, la que me toca ver alumbrando este monumento emblemático que ha contribuido a que la capital hispana sea lo que es hoy una de las más importantes de Europa. 

Mr. Ritz Nació en Niederwald, Suiza el 23 de febrero de 1850, en el seno de una familia de ganaderos. Inicio su carrera en la hotelería cuando tan solo tenía 15 años. En 1870 comienza su carrera en la industria hotelera como aprendiz de camarero. Dos años después, en 1872, se traslada a París. Junto a Auguste Escoffier abren alíl el Hôtel Ritzen 1898, que rápidamente se convierte en un destino popular entre la alta sociedad europea. Ritz adquiere el Carlton Hotel en Londres y lo renombra como The Ritz Hotel, estableciendo otro estándar de lujo en la industria hotelera en 1906. En 1910 Ritz abre el Hotel Ritz en Madrid, España, consolidando su presencia en diferentes ciudades europeas.

Hoy bajo la batuta de Mandarin Oriental, el hotel es un lujoso palacio Belle Époque ubicado en el famoso Triángulo de Oro del Arte de Madrid. Durante más de 110 años, ha recibido a miembros de la realeza, dignatarios y algunos de los huéspedes más distinguidos de todo el mundo. Esta espectacular propiedad es el epítome del lujo y la excelencia. Con una impresionante y meticulosa restauración que celebra el espíritu pionero de César Ritz, una prestigiosa ubicación central, cinco restaurantes y bares supervisados ​​por uno de los chefs más célebres de España y excepcionales instalaciones de fitness y bienestar, está llamado a convertirse en el hotel más lujoso de la ciudad. hotel.

El Hotel Ritz es un hotel de lujo de la ciudad española de Madrid, ubicado en el n.º 5 de la plaza de la Lealtad, en el distrito de Retiro. 
El edificio fue inaugurado por el rey Alfonso XIII el domingo 2 de octubre de 1910 en compañía de los ministros y representantes de la alcaldía de Madrid. El hotel surge de una necesidad hostelera creciente de la ciudad de comienzos del siglo xx. Los periódicos de la época resaltan el sitio en el que fue construido como “el más sano y tranquilo de Madrid”.​ El emplazamiento elegido era antes un descampado, ocupado por algunos barracones (pertenecientes al Circo Hipódromo) así como por los jardines del antiguo Teatro Tívoli. Todos estos terrenos pertenecieron anteriormente a los jardines del Buen Retiro de Madrid.

Se inició el estudio de la construcción del hotel a instancias del rey Alfonso XIII quien, a la vuelta de una gira por Europa, se percató de que la Corte española carecía de un hotel con la dignidad suficiente para recibir a la realeza europea y demás visitantes ilustres. Su idea era que Madrid contase con un hotel a la altura de los Ritz de Londres y de París. Su propia boda con Victoria Eugenia de Battenberg fue la excusa para dotar a Madrid con un hotel de lujo, el primero de la capital española. El mismo rey aportó parte del capital, junto a otros personajes de la sociedad madrileña, y encargó a la Ritz Development Company su construcción, siendo diseñado y construido bajo la supervisión personal del famoso César Ritz, de quien adoptó el nombre.

La idea inicial era que el mismo César Ritz se hiciera cargo del hotel de Madrid, pero desde 1902 sufría de depresión, lo que finalmente finalmente contribuyó a su muerte en 1918. 

Cincelando el mito

El suntuoso edificio fue proyectado en 1908 por el arquitecto francés Charles Frédéric Mewes y construido en el periodo (1908-1910) bajo la dirección de los arquitectos Luis de Landecho y Lorenzo Gallego. Se trata de uno de los primeros edificios madrileños que empleó en su construcción el hormigón armado. Las obras se concluyeron el 14 de mayo de 1910. Las empresas españolas y extranjeras más afamadas de la época contribuyeron en la decoración de sus salas. Las alfombras se tejieron en la Real Fábrica de Tapices, la mantelería fue encargada a firmas irlandesas, el mobiliario fue encargado a Lissarraga y Sobrinos, los espejos a Pereantón. La vajilla de Limoges y la cubertería de plata inglesa de la casa The Goldsmiths. Se inauguró con una gran fiesta el día 2 de octubre de 1910, y rápidamente se convirtió en uno de los referentes de la vida social y cultural de la capital. El primer consejo de administración era presidido por Luis de Cuadra y Raúl, II marqués de Guadalmina. El primer gerente del hotel fue Antonio Mella, que poseía la experiencia de la gerencia anterior de los hoteles Ritz de París y Londres. Su mujer le ayudó en la gestión del hotel haciéndose cargo de los servicios de cuartos y de ropa. Pronto acapararía la atención de la sociedad madrileña de la época.

El primer maître del hotel fue Olivier un cocinero natural de Pau, muchos de los primeros platos servidos en los orígenes eran claramente de cocina francesa y algunas preparaciones inspiradas en el famoso cocinero y gastrónomo George Auguste Escoffier. La oferta gastronómica de la ciudad, anteriormente a la aparición del Ritz, pasaba por las cocinas del Grand Hôtel de París de la Puerta del Sol, de La Maîson Imperiale (que posteriormente se convirtió en el Hotel Imperial), el Touriné, el Genieys y el ya conocido en la sociedad madrileña de la época: Lhardy (ubicado en la carrera de San Jerónimo). Todos los cocineros eran influenciados claramente por la gastronomía francesa, muy de moda en la época. El primer cocinero del Ritz fue el español Félix Ruiz del Castillo, este ya poseía experiencia en grandes hoteles de París e Inglaterra. Otro de los primeros cocineros alcanzó la fama en la historia de la cocina española y es el aragonés Teodoro Bardají, el hotel financió la publicación de su primera obra “La cocina de ellas”. 

La aparición del Ritz transformó algunas de las costumbres populares que eran uso habitual en la sociedad madrileña desde siglos atrás. A finales del siglo xix era habitual entre la aristocracia española servir como merienda chocolate caliente servido en jícaras (pocillos) y en mancerinas elegantes. Los nuevos usos venían de la mano de este tipo de instituciones hosteleras, que traían nuevas modas. La costumbre de tomar té se comenzó a instaurar en Madrid con la novedad introducida por los salones de té del Ritz. Se hicieron famosas las comidas de los lunes en el Ritz, publicadas en las “notas de prensa” de los periódicos madrileños de la época. Tras los lunes elegantes se anunciaban los martes de monsieur Chaquet.

Se hicieron famosas igualmente las tardes del Ritz en las que se bailaba en sus salas el fox-trot. La Primera Guerra Mundial y el papel neutral de España atrajo a numerosos personajes de la aristocracia que necesitaban de los servicios de un hotel como el Ritz. La afluencia de estos personajes aumentó el glamour inicial del hotel, muchos de ellos empleaban sus salas como base de operaciones. Entre los visitantes ilustres se encuentra la llegada en octubre de 1916 de la espía internacional (en calidad de doble agente) de origen holandés Margaretha Geertruida Zelle, conocida también con el sobrenombre de Mata Hari. Se instaló en el Ritz, en su segundo viaje a Madrid, con el nombre de Condesa Masslov y operó en el hotel hasta enero de 1917, poco antes de su muerte.6 Otra espía menos popular se alojaba en el Ritz, Marthe Richard, que operaba al servicio del gobierno francés.

En 1926, apenas quince años tras la inauguración del hotel, la gestión del hotel pasó al belga Georges Marquet que adquirió la propiedad. Esta adquisición tuvo su continuidad en una saga familiar Marquet que alcanzó hasta el nieto que finalmente en el año 1978 vendió nuevamente el hotel  A Georges Marquet se le debe la construcción también del Palace y del Palacio del Hielo. Fue en 1926 cuando Salvador Dalí, que en aquella época vivía en la Residencia de Estudiantes, enótr en el Ritz con la intención de cortarse el pelo y tomarse un cóctel.​ Era costumbre que posteriormente, cuando venía el pintor a Madrid se alojara en el hotel y que una de las cuatro esquinas del restaurante fuese reservada para él y su esposa Gala. 

Figura entre los primeros consejos de dirección del hotel un nombre que posteriormente se introduciría en la política española de la época. El 8 de enero de 1932 figura en el consejo José Antonio Primo de Rivera. Poco tiempo después  tuvo que abandonar su puesto de consejero para atender las obligaciones políticas. 

Ya a comienzos del año 1936, la ciudad de Madrid era eco de las protestas y revueltas que desembocarían en la Guerra Civil Española. Madrid fue leal al gobierno de la Segunda República y desde finales de 1936 se convirtió en un frente de batalla. En el transcurso de la defensa de la ciudad el hotel fue empleado como Hospital de Sangre y algunos de sus empleados colaboraron en sus funciones hospitalarias. En la habitación 27 del primer piso murió el 20 de noviembre de 1936 el anarquista Buenaventura Durruti, herido de bala durante la batalla de la ciudad Universitaria.​ Esta muerte hizo que la fachada del edificio se llenase de banderas de la CNT.

El hijo de Georges Marquet (Georges Marquet Delina) continuó a cargo del mismo hasta el final de la Guerra Civil y algunos años posteriores. Su periodo de gobernación estuvo marcado por una estricta observación de la etiqueta. Una afección cardíaca hizo finalmente que se encargara del hotel su esposa: Madame Marquet. En los primeros instantes tras la guerra civil, los moradores de palacios y casas lujosas de la capital que fueron devastados por la contienda, regresaron y se alojaron temporalmente en el hotel. En el periodo de posguerra española, que coincidió con los inicios de la Segunda Guerra Mundial, el nuevo gobierno de España apoyaba a Alemania. Se puso a cargo del hotel el gerente Conrado Kessler hasta 1945. Durante su mandato se abordó la reparación del Salón Real. Los visitantes eran otros, entre ellos: el mariscal Pétain, Galeazzo Ciano (yerno de Mussolini), Heinrich Himmler. La visita acordó la cooperación española en la Segunda Guerra Mundial, mediante el envío de la División Azul. 

El declive de los setenta
Tras madame Marquet, el nieto de Georges Marquet se hizo con la gestión hostelera familiar. Estaba poco motivado por el negocio familiar de hostelería. En 1978 el alcalde de Barcelona, Enrique Masó, adquiere los dos hoteles: el Palace y el Ritz. Massó creó posteriormente con algunos amigos la sociedad Nacional Hostelera con sede en Madrid.

A comienzos de la década de los ochenta se sabía que el empresario, accionista mayoritario del Ritz, tenía intenciones de vender los dos hoteles. Finalmente recae en la multinacional inglesa Trusthouse Forte (THF). El grupo Forte nació en la década de los cincuenta en Regent street y era en los ochenta una de las multinacionales hosteleras más importantes con casi 800 hoteles repartidos en setenta países. En 1982 pone a cargo del hotel al gibraltareño John M. Macedo y con él se inicia una inversión en el hotel con el objetivo de retomar la posición destacada que había perdido. A pesar de este lustro de intentos de dar al hotel una visión más cosmopolita, tras varias luchas legales y financieras, en 1996 el grupo televisivo inglés Granada se hace con el poder de Forte y pone a la venta los dos hoteles de nuevo.

El diamante del presente

En mayo de 2015, el edificio es adquirido por la cadena Mandarin Oriental, incluyendo así al Ritz de Madrid en su exclusivo grupo de establecimientos de gran lujo. A principios de 2018 se inicia una profunda reforma, a cargo del arquitecto Rafael de La-Hoz, cuya duración estuvo prevista hasta finales de 2019, y que dotó al hotel de un spa y nuevos espacios de restauración, así como una apreciable mejora de los servicios y calidad de las habitaciones y suites. En la tarea se recuperaron elementos emblemáticos como la magnífica bóveda central de cristal, que llevaba oculta ocho décadas, así como la altura original de las puertas de acceso (cuatro metros) y la entrada de la calle de Felipe IV con vistas al museo del Prado desde el mismo vestíbulo.
Espacios amplios, muy luminosos, donde el arte juega un papel fundamental, la luz natural invade las estancias y las enseñas de Madrid lucen por todas partes, y también se incorporarán piezas artísticas de la colección del Ritz, entre las que se incluyen candelabros de cristal, pinturas antiguas, frescos y esculturas.

Toda la riqueza del pasado, ha sido catapultada al futuro de la sofisticación en el servicio tradicional del súper lujo de Mandarin. El hotel se encuentra en un espacio cercano al Museo del Prado y el Thyssen-Bornemisza, al Parque del Retiro y al Jardín Botánico. 

Se trata de un edificio de seis plantas con fachadas sencillas de estilo afrancesado que han sido declaradas monumento nacional. Con sus 137 habitaciones y 30 suites, sus amplios salones y posee un íntimo jardín en su chaflán. 

Los cuartos están decorados de forma individual, con los cuartos de baño acabados en mármol. Las alfombras y tapices de gran parte de las salas fueron elaboradas en la Real Fábrica de Tapices. Las salas decoradas con columnas rememoran en algunas ocasiones la Belle Époque.

Su decoración desprende elegancia y clasicismo, con un toque contemporáneo, aunque el hotel ha preservado su carácter único del estilo Belle-Époque del edificio y el espíritu original concebido por su creador César Ritz.

La más amplia de las habitaciones del hotel, la Suite Real, ocupa casi 190 m2 en la primera planta. Ubicada en el mismo lugar en el que César Ritz la diseñó y en el que, durante más de 100 años, se alojaron realeza y celebridades, la suite cuenta con dos entradas privadas y espectaculares vistas al jardín y al Museo del Prado además de una amplia zona de estar, comedor y cocina. El dormitorio principal es un auténtico oasis de calma con armario-vestidor adyacente y un baño completo con sala de vapor.

El relevante papel cultural y social que el hotel siempre ha tenido se ve reflejado en diferentes proyectos con artistas, artesanos, creadores y firmas de diferentes disciplinas a nivel local y nacional.
Un abanico de nácar y encaje blanco del siglo XVII comprado en una subasta en Hong Kong y que está ubicado en la recepción es el nuevo emblema del hotel. Lo acompaña una escultura de Factum Arte que representa el vuelo de un abanico en manos de una bailaora de flamenco, y que abarca toda la pared frontal del mismo espacio reservado a dar la bienvenida y despedir al cliente.

Fueron los parisinos Giller & Boissier quienes, empeñados en mantener la esencia del hotel y fomentar sus puntos fuertes, quisieron integrar en las entrañas del edificio todo lo bueno y lo bonito, no solo de la propiedad, sino del exterior, el Parque del Retiro entre ellos. Fruto de esa inspiración nació la instalación que se encuentra en el techo nada más entrar en el hotel, compuesta por hojas de los árboles del retiro que fueron fotografiando y recreando en materiales como en bronce o níquel. Las hojas en color cobre representan los árboles endémicos de Madrid, y el resto pertenecen a árboles que llegaron para quedarse, un significado que el estudio británico Haberdashery, creador de la obra ‘Remolino del Retiro’, quiso plasmar destacando el hecho de que Madrid es una ciudad abierta que acoge al viajero de paso, o al que llega para vivir en esta ciudad. 

El gozo de la historia en el disfrute del presente. Con elegancia y buen gusto. Exagerado buen gusto, que se agradece con las dos manos juntas y una reverencia.

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