Recomendaciones para cuidar la alimentación en la tercera edad

El 1 de octubre se celebra el Día del Adulto Mayor y la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN) destaca cuáles son los cambios sociales y fisiológicos que deben tenerse en cuenta al momento de diseñar un plan alimentario adecuado.

 

Si bien llevar una alimentación saludable es muy importante en todas las etapas de la vida, en la tercera edad, incorporar una dieta completa y equilibrada se vuelve esencial. Por eso, en el marco del Día Internacional del Adulto Mayor, que se celebra el 1 de octubre, la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN) comparte recomendaciones e información valiosa para cuidar la salud de los mayores.

 

En este sentido, los profesionales enfatizan en las transformaciones sociales y fisiológicas que atraviesan los ancianos y sugieren ofrecer un plan alimentario que incluya comidas de fácil preparación que estimulen el apetito desde el gusto y la presentación y que sean de consistencia blanda para favorecer su digestión y absorción.

 

Asimismo, con el propósito de aumentar la expectativa de vida, desde la SAN resaltan que los adultos mayores deben hacer actividad física ya que favorece la autoestima y la salud mental, disminuye el estrés y fortalece la masa ósea. También es fundamental que desarrollen una dieta equilibrada que evite extremos como la sobrelimentación y la desnutrición.

 

“Sugerimos ingerir alimentos que contengan de 2.000 a 2.400 calorías diarias, un 55 a 60% de hidratos de carbono, entre un 15 y un 25% de proteínas y entre un 20 y un 25% de grasas”, explica la Dra. Zulema B. Stolarza, Presidenta de la Sociedad Argentina de Nutrición y sostiene que “la alimentación de los mayores debe ser suficiente, completa, armónica y adecuada sus cormobilidades”.

 

Cambios fisiológicos y sociales que hay que tener en cuenta cuando hay un anciano en la familia:

 

  • Se trata de la pérdida progresiva de masa muscular esquelética, que conduce a una disminución de la fuerza muscular, la capacidad para el ejercicio y un aumento de la fatigabilidad, y que puede producir a su vez discapacidad funcional y fragilidad, acompañadas de un aumento de la masa grasa abdominal en detrimento de la grasa en las extremidades, e incluso obesidad sarcopénica.

 

  • Disminuye el gasto energético. Se debe a la reducción del metabolismo basal y la disminución de la actividad física.

 

  • Cambios en los órganos de los sentidos. Se modifica el olfato y el gusto y se da una pérdida de la agudeza visual y auditiva, que dificultan el acceso a los alimentos y a su preparación.

 

  • Alteraciones en el aparato digestivo. Conlleva problemas de masticación (pérdida de piezas dentarias, xerostomía), de deglución (disfagia motora), disminución de la motilidad esofágica, retraso en el vaciamiento gástrico, gastritis atrófica con hipoclorhidria y absorción deficiente de vitamina b12, así como estreñimiento por disminución de ejercicio físico y escasa ingesta de líquido. Por su lado, la polimedicación puede favorecer la desnutrición, hipoglucemias y alteraciones en el gusto y el apetito.

 

  • Cambios psicosociales. En la tercera edad, la soledad, el aislamiento social, la depresión y los bajos recursos económicos, dificultan una alimentación adecuada, también dada por la pérdida de autonomía y la presencia de hábitos alimenticios poco saludables.

 

Teniendo en cuenta estos aspectos, la SAN concluye en destacar la importancia de realizar actividad física acorde a la edad y planificar una alimentación hiposódica, rica en fibras, vitaminas, calcio y hierro.

 

Qué consumir y con qué frecuencia:

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