Inclusión financiera en América Latina: situación actual y desafíos

En un mundo en creciente digitalización, con una pandemia que terminó de introducir los procesos virtuales a la vida cotidiana, estar fuera del universo online es sinónimo de desigualdad y menos oportunidades. Un informe realizado por Ipsos en siete países de Latinoamérica analizó el estado de la inclusión financiera a través de un índice de 0 a 100.

La región obtuvo un puntaje de 38,8, lo que señala una mejoría con respecto al pasado pero revela la necesidad de medidas para continuar creciendo.

 Según el Banco Mundial: “La inclusión financiera significa, para personas físicas y empresas, tener acceso a productos financieros útiles y asequibles que satisfagan sus necesidades —transacciones, pagos, ahorros, crédito y seguro— de manera responsable y sostenible”.

En la actualidad, varios de estos servicios se han digitalizado. A la par de muchas marcas que han decidido crear una tienda online, los procesos de compra-venta han exigido nuevas modalidades. En línea con esto, predominan las aplicaciones de banca y billetera móvil, sistemas de pago a través de Internet y una gran cantidad de soluciones digitales para administrar las finanzas. Las restricciones a la presencialidad fueron dejando obsoletas algunas prácticas como el uso constante de efectivo y la concurrencia presencial a un banco o cajero.

Estas herramientas contribuyen a mejorar la calidad de vida de las familias, ayudándolas a aumentar sus ingresos, optimizar el ahorro y facilitar sus transacciones cotidianas. También reducen las barreras que tienen las micro, pequeñas y medianas empresas –motores de la economía latinoamericana– para unirse al sistema financiero y crecer. La inclusión financiera se está convirtiendo en una prioridad para los organismos de desarrollo a nivel mundial y se ha determinado que es un factor que propicia 7 de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ONU).

La situación en América Latina

El estudio de Ipsos valora los instrumentos financieros en Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, Panamá, Perú y México. La media total es de apenas 38,3 puntos sobre 100, aunque se observan diferencias en la situación de cada país analizado. Los países con mejores resultados fueron Panamá, con 52,2, y Chile, con 51,6.En el otro extremo, México fue el país con menor puntaje (35 puntos).

Este índice analizó las dimensiones de acceso, uso y calidad percibida de los instrumentos financieros en esos países y constató que las dos primeras tienen bajos niveles: 33,3 y 24,6 puntos, respectivamente. Sin embargo, la calidad percibida entre los ciudadanos de la región hacia los productos y servicios financieros supera el aprobado con 57,1 puntos.

Según los responsables del estudio, el buen resultado en calidad percibida es clave para mejorar la inclusión. Señala confianza en estas herramientas y permite pensar que la inclusión financiera tendrá un camino positivo a medida que se vayan superando las barreras, tanto físicas como culturales, que existen en América Latina.

Las decisiones que se tomen deberán enfocarse en los grupos menos incluidos, como las mujeres, las personas mayores de 60 años, la población rural, los sectores socioeconómicos bajos y con menores niveles educativos.

Las mujeres alcanzan un puntaje de inclusión financiera de 35,9 frente al 41 de los hombres; los jóvenes obtienen un 42,9 frente al 29,6 de los mayores de 60; y los habitantes urbanos un 40,1 frente al 31,7 de la población rural. La disparidad es mayor en el nivel educativo, pues aquellos con educación universitaria alcanzan un puntaje de 55,1 mientras que el sector sin estudios llega tan sólo a 18,2.

Sumado a esto, otras cifras del reporte indican que el 47% de los encuestados no cuenta con ningún producto financiero para el ahorro, el 69% no utiliza ningún medio bancarizado para sus transferencias económicas y sólo uno de cada diez ciudadanos cuenta con billetera móvil.

Quienes no participan del sistema reportan que se debe a su bajo nivel de ingresos o a que creen que no lo necesitan. Estas percepciones muchas veces tienen que ver con la falta de conocimiento. Tanto el Estado como las empresas privadas tienen que comprometerse con medidas que apunten a universalizar el acceso y promover la educación financiera, ya que apostando a la información es como se puede potenciar el cambio cultural necesario. 

En el caso de Chile, uno de los países con mejores resultados en términos de inclusión financiera, se observa que las personas usan, en promedio, dos medios bancarizados, especialmente la tarjeta de débito. En contraposición, en Bolivia, Perú y México aún se suele pagar la mayoría de las transacciones con efectivo.

Asimismo, en Chile y Panamá predomina el uso de aplicaciones de celular, son los países de la región que más valoran la utilidad de medios de pago digitales, seguidos por Colombia.

A pesar de que es evidente la necesidad de aumentar la inclusión financiera en algunos países de la región, otros se muestran como buenos ejemplos de ello. Potenciando la educación financiera y ampliando el acceso a estos servicios, se podrá acelerar el cambio cultural que sin dudas ya es parte de la nueva normalidad.

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