Errores que matan 

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Por Mariela Blanco, periodista 
Las epidemias del pasado debieran servir de ejemplo para no cometer los mismos errores. Por ejemplo, durante la epidemia de la fiebre amarilla, en Buenos Aires hubo persecución a los inmigrantes. Se creía que los causantes de la propagación eran los extranjeros que llegaban en los barcos y no un mosquito.

 

La policía ingresaba a los conventillos y quemaba sus pocas pertenencias presuntamente infectadas. La ciudad se dividió en dos. Los ricos al norte y los pobres al sur. Hubo marginación, racismo y ataques xenófobos por aquel entonces.
El Estado no mudó sus escritorios en los barrios acomodados. No, no. Directamente abandonó el barco. No quedó personal de la administración pública, no sesionaron los legisladores, los tribunales quedaron vacíos.
El primero en huir fue el Presidente de la Nación, Domingo Faustino Sarmiento. Los funcionarios no sólo emprendieron el éxodo sino que ignoraron la orden impuesta de prohibir desembarcos en el puerto y la aduana porque la economía tenía los números en rojo.
Aparecieron especuladores que subían los precios de los alimentos y de los ataúdes. También rateros disfrazados de enfermeros que ingresaban a las casas a llevarse lo poco que quedaba. La sociedad mostraba su peor cara.
Sirva esta revisión para entender que la desidia y la miserabilidad también matan.

 

Mariela Blanco es periodista y autora del libro “Leyendas de Ladrillos y adoquines”

 

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