Centro Naval, el ecléctico

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Por Mariela Blanco, periodista, autora del libro «Leyendas de ladrillos y adoquines»

 

El palacio del Centro Naval de Florida y Av. Córdoba es otra joya de Buenos Aires. Fue creado el 4 de mayo de 1882 cronológicamente concordante con el llamado movimiento “de la generación del ochenta”. Fue proyectado por los arquitectos franceses Jacques Dunant y Gastón Mallet, en fastuoso estilo academicista, y se inauguró en 1914.

Es un típico edificio del centenario de la Argentina que estaba llamada a ser una de las grandes naciones y donde predominaban los modelos europeos. El eclecticismo decorativo es bien marcado. Su lenguaje externo no se corresponde, por ejemplo, con el gran Salón de Socios, una réplica del Salón de los Espejos del Palacio de Versailles.

Este salón incluye un bar que se asemeja a la parte trasera de un viejo galeón, muy británico en su decoración y mobiliario; mientras que el Salón de Fumar es una estancia inglesa y el comedor es un salón rococó bellísimo.

Por eso, podemos decir que es un edificio exquisitamente porteño porque ha hecho de la armonía de la mezcla una de sus características especiales.

Hay presentes símbolos de la mitología grecorromana, judeocristiana y masónica. Se ingresa, por ejemplo, por una puerta estrecha en forma de arco que alude a la dificultad de la iniciación. Su capitel representa el mascarón de proa de un buque antiguo. Se trata de Tritón, hijo y mensajero de Neptuno, que se asoma tocando una trompeta de concha de caracol para calmar o agitar las aguas del mar.

La sede fue proyectada de acuerdo a los postulados de la arquitectura Beaux arts, según los cuales el edificio era el resultante de la composición de recintos ordenados jerárquicamente, organizados según una estructura interna de ejes y de articulaciones geométrico espaciales.

Presenta tres áreas bien diferenciadas en la sintaxis seccional: un sector de espacios servidos de doble altura hacia el frente de la Av. Córdoba, donde se destaca el piano nobile, correspondiente a la sala principal del segundo nivel; una espalda de apoyos y de servicios recostada sobre la medianera norte, con niveles intermedios iluminados y ventilados mediante patios y un cuerpo esquinero de planta circular que se corresponde con el acceso principal y el hall de distribución de cada planta.

A diferencia de otras joyas arquitectónicas, se impulsó el uso de materiales del país, como el mármol andino y el bronce proveniente de la fundición de los viejos cañones de guerra que estaban montados en los barcos que defendieron la Independencia nacional.

De ahí el doble valor –artístico e histórico– de los portones de hierro forjado con motivos helenísticos. Se destaca también en el ingreso una escalera imperial de doble revolución con un Saturno en ónix a cada lado, y portones curvos con cristales biselados realizados mediante una la técnica “curvado fragua” desaparecida en la década del 40.

No hay hoy artesanos que hagan ese trabajo, lo que convierte a esos portones en verdaderas reliquias. Lo mas llamativo es que el palacio sigue estando exactamente igual al que vieron aquellos hombres de 1914.

Además, aunque se hayan escondido los sistemas de aire acondicionado para no romper con la armonía del lugar, sigue funcionando el sistema de calefacción y los ascensores originales que en más de 100 años no han sufrido un solo desperfecto.

La política de conservación y mantenimiento ha evitado que haya que restaurar el edificio. El mantenimiento está en manos de nietos y bisnietos de los primeros artistas, cuyas técnicas han pasado de generación en generación. El sentido de pertenencia es tal que a veces pasan dos días buscando la tonalidad exacta para retocar un pequeño detalle de las molduras y largas horas para limpiar sus impresionantes lámparas.

Pero además, arquitectura y arte se abrazan y se contienen mutuamente. El Centro Naval posee una pinacoteca exquisita de cuadros que representan marinas, batallas y combates navales, o efigies de los hombres de mar argentinos. Dos de ellos, colocados en el Gran Salón, poseen especial significación.

Las tablas, que representan dos momentos de la Batalla de Trafalgar, forman parte del tesoro artístico del Imperial Greenwich College (Escuela de Guerra Naval de Gran Bretaña).

En varias oportunidades esas telas han tratado de ser adquiridas pero su venta fue siempre negada. La historia vestida de leyenda cuenta que en 2001 un almirante inglés se presentó ante las autoridades del Centro Naval y ofreció un cheque en blanco de la Reina Isabel II de Inglaterra. Pese al fracaso de su misión, cuentan que el almirante se despidió diciendo: “lamento la negativa, pero como marinos, no me han defraudado”. La historia resume la premisa de que ciertos valores están por encima de los importes económicos.

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Mariela Blanco
Licenciada en Periodismo. Trabajó como asesora en la Cámara de Diputados de la Nación y en el Honorable Senado de la Nación Argentina donde prestó servicios para la Comisión Bicameral de Conmemoración de los Bicentenarios de la Revolución de Mayo (1810-2010) y de la Declaración de la Independencia (1816-2016). Durante más de una década, estuvo al frente del Departamento de Prensa de Ejes de Comunicación. En los últimos 20 años, ha formado parte de diversos ciclos periodísticos de radio y TV. Es autora de “Las mejores entrevistas de Radio y Televisión” (2009); “La Conexión Aparente” (2007); y "Leyendas de ladrillos y adoquines" (2016) que fue declarado de Interés Cultural por la Legislatura. Actualmente es conductora en Canal Metro.