Butan, el Reino de la Felicidad

Bután limita al sur con India y con el Tibet al norte y cubre un área de 38,394 km2. Su pico más alto alcanza los 7541 metros sobre el nivel del mar y el 72.5% de su superficie está cubierta por bosques que, por ley, no pueden tocarse. En la capital, Thimphu, vive la mayoría de sus 750,000 habitantes que hablan Dzongkha,  el idioma nacional, aunque mucha gente habla también Inglés.

Cerrado al turismo hasta hace apenas 30 décadas, Bután comenzó un trabajo de promoción de sus bellezas con apoyo de las Naciones Unidas y la OMT.

América latina no quedó afuera de este plan promocional y hace pocas semanas se realizó una presentación del destino en Buenos Aires, Argentina, como punta de lanza para iniciar una tarea que llegue a toda la región.

Alvaro Moreno, Oficial de Marketing para América latina, visitó operadores turísticos y se reunión con la prensa para comentar detalles de Bután y así despertar el interés de los latinoamericanos por visitar el lejano reino montado sobre los imponentes Himalayas.

Un Mundo Feliz

El Reino tiene algunas curiosidades como ser el único donde no hay semáforos y donde hay televisión desde hace apenas unos 20 años. Sin embargo, lo más sobresaliente es su forma de medir los que el mundo occidental conoce como Producto Bruto Interno y ellos denominan Felicidad Bruta Nacional.

Los economistas de todo el mundo afirman que la llave de la felicidad consiste en obtener y disfrutar de logros materiales. Sin embargo, en Bután se piensa diferente. Consideran que acumular riquezas no necesariamente conduce a la felicidad y en defensa de esta idea, Bután intenta medir el desarrollo basado no en el índice tradicional de Producto Bruto Interno sino en un índice de Felicidad Bruta Nacional.

Su Majestad Druk Gyalpo Jigme Dorji Wangchuck el Tercero expresó su punto de vista sobre éxito en el desarrollo de como “lograr que la gente sea próspera y feliz”. Con esta fuerte idea en mente, la importancia de la prosperidad y la felicidad se destacaron en el discurso de ingreso a las Naciones Unidas en 1971. Esta visión fue desarrollada más ampliamente por el cuarto Druk Gyalpo Jigme Singye Wangchuck, quien declaró en los primeros años de su reinado que “la política de nuestro país es consolidar nuestra soberanía para lograr la autosuficiencia económica, prosperidad y felicidad para nuestro país y la gente”.

Si bien el énfasis está puesto en la prosperidad y la felicidad, esta última se considera de mayor importancia. Druk Gyalpo el Cuarto hizo hincapié en que para Bután “Felicidad Bruta Nacional”, es más importante que “Producto Bruto Nacional.” Por lo tanto, la felicidad bruta nacional está ahora siendo desarrollada por un amplio abanico de profesionales, académicos y organismos de todo el mundo.

Preocupado por los problemas que afligen a los países que se centran únicamente en el crecimiento económico, Druk Gyalpo Jigme Singye Wangchuck decidió hacer que la prioridad de la nación no sea su ingreso, sino su felicidad. Dijo que los ricos no siempre son felices, mientras que la gente feliz generalmente se considera a sí misma rica.

Mientras los modelos convencionales de desarrollo acentúan el crecimiento económico como  objetivo final, el concepto de felicidad bruta nacional se caracteriza por la premisa que el verdadero desarrollo de la sociedad tiene lugar cuando el desarrollo material y espiritual convergen, complementándose y reforzándose mutuamente.

Los cuatro pilares principales de la Felicidad Bruta Nacional son:

1. Desarrollo socio-económico equitativo.

2. Preservación y difusión de la herencia cultural y espiritual.

3. Conservación del medio ambiente.

4. Buen gobierno que significa integración, complementariedad y consistencia.

Esto, entre otras cosas, hacen de Bután un lugar especial para el viajero incansable, que busca descubrir lugares aún frescos y libres de la contaminación de otras culturas.

La defensa de su propia forma de vida desde hace siglos es un desafío para los butaneses que alientan una defensa en la arquitectura local hasta el día de hoy, mantienen como costumbre vestir sus trajes típicos en forma permanente y cuidan sus templos y espacios naturales protegiéndolos fuertemente.

Para demostrar este amor por sus raíces, los butaneses tienen como uno de sus principales atractivos los festivales culturales. Los festivales en Bután suponen una oportunidad única no sólo para experimentar la riqueza cultural de este desconocido rincón de los Himalayas, sino que además permiten al visitante interaccionar con los habitantes locales que viajan, a veces durante horas, para poder asistir a los mismos. Para un listado completo u las fechas de los festivales en los próximos meses se recomienda visitar la web del Consejo de Turismo www.tourismo.gov.bt.

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