Boquitas pintadas

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Las Gladiadoras Xeneizes del equipo de fútbol femenino 11 de Boca Jrs ratificaron su supremacía de más de dos décadas en el torneo local, al volver a consagrarse campeonas una fecha antes del final, tras golear como locales por 7 a 0 a Huracán. Un espectáculo formidable que cada día convoca más espectadores

Por Sergio Varela

En su formidable cuento Campitos, el escritor Juan Sasturain le hace decir a un lúcido entrenador de fútbol: “Prefiero hablar de divisiones de menores y no inferiores. Es una cuestión de edad, no de aptitud”. Ese mismo criterio puede aplicarse al fútbol femenino 11, donde se disputa exactamente el mismo deporte que luego se verá a la noche por la Televisión Pública en su versión masculina, sólo que quienes lo practican pertenecen a otro género y son amateurs. Y no necesariamente lo hacen con menor talento o capacidad que los profesionales varones.

De todos modos, en varios países del mundo, como Canadá o Estados Unidos, el soccer femenino dista de ser una rareza o una excentricidad. Por el contrario, es el deporte formativo por excelencia para las niñas en edad escolar (como el rugby para los varones en ciertos colegios de la Argentina), y forma parte de la currícula educativa por su aporte al espíritu de equipo, el compañerismo, el desarrollo de destrezas físicas y la noción de que a la mujer le cabe un rol mucho más protagónico que el de porrista de los rubicundos “quarterbacks” del football (esa deformación del rugby con pase hacia adelante, adaptada al gusto masivo estadounidense).

Desde el cambio de milenio, el fútbol femenino ha ganado presencia en nuestro país, entre las chicas universitarias especialmente, como pasatiempo grupal a la salida del trabajo o la facultad, en su variante FutSal. En el campeonato de “cancha grande” organizado por AFA hay también dos equipos de origen académico: la Universidad de Buenos Aires, UBA, y la Universidad Abierta Interamericana, UAI.

Pero en la 11ª fecha del torneo, disputada el domingo 4 de agosto a las 14:30, se enfrentan en el Complejo Pedro Pompilio, en la zona de la casa amarilla del Almirante Guillermo Brown, los dos equipos con mayor raigambre nacional y popular de nuestro país: Boca y Huracán. Boca Juniors, el club de los obreros del puerto, el de los duros inmigrantes laboratori xeneizes, el de la garra y el esfuerzo como señal de identidad de juego. Huracán, el globito, cuyo máximo referente fue Tomás A. Ducó, el militar fundador del Grupo de Oficiales Unidos, G.O.U., la legendaria “logia de los coroneles” desde la cual emergió a la vida política Juan Domingo Perón. Y cuyo equipo, en 1973, cuando se consagró campeón por última vez, fue adoptado como ícono deportivo y estético por la Tendencia Revolucionaria Peronista.

Con un clima espléndido, las Gladiadoras visten camiseta blanca suplente y sus rivales de Huracán utilizan atuendo de color negro en casaca, pantalón y medias. Con el empate, Boca es campeón, ya que las muchachas de la Ribera han ganado todos sus compromisos, algunos por marcadores muy abultados, como frente a Fénix, por 28 a 0, pero también le hicieron 14 a Platense, 9 a Independiente y 15 a Excursionistas, y acumulan 30 puntos antes de la pitada inicial (10 jugados, 10 ganados), una diferencia inalcanzable para el escolta en caso de que sumen un punto. No hay demasiado suspenso en la tribuna local, abarrotada de público, con el mismo jolgorio ruidoso y colorido que en la vecina Bombonera cuando juegan los varones. Sólo que aquí “la 12” es reemplazada, eventualmente, por “Las 12”, el suplemento sobre problemática de género del matutino Página/12. Al margen de la ironía, el matriarcado que enmarca el espectáculo es otro de sus atributos: poder volver a ver fútbol en paz no es un aliciente menor a la hora de acercarse a disfrutar de esta variante del juego.

Con el árbitraje de Stella Maris Álvarez, secundada por Pablo Linardi y Juan Manuel Maza como asistentes de línea, empieza a rodar el balón. En los primeros 10 minutos, aunque las locales procuran imponer su categoría desde las primeras jugadas, sobrevuela el fantasma de la férrea resistencia que le opuso Huracán a Boca en el torneo anterior. Las Amazonas de Parque Patricios fueron el único equipo del torneo que llegó a disputar con cierta paridad un encuentro frente al scratch. Fue 1 a 0, muy sufrido. “Falta manija”, se quejan en la platea local, refiriéndose a la ausencia por lesiones de Analía Almeida, habitualmente número 10, y sobre todo de la enlace y media punta Ludmila Manicler (ex Independiente y recientemente regresada al club de la Ribera luego de una temporada en el Barcelona F.C. catalán).

En esos primeros minutos hay un par de intervenciones, necesarias pero sin mayor exigencia, hay que decirlo, de la arquera Giselda Nieto, que está reemplazando a la lesionada titular, también titular de la Selección Argentina, Elizabeth Minnig.

Pero para quien no está al tanto de los antecedentes de ambos equipos, el partido ofrece una especie de espejismo futbolístico. Los clubes parecen haber trastocado sus respectivas identidades futbolísticas. Las de de Quema son pura garra y coraje, pierna fuerte, pelotazos a espaldas de la defensa para que intente solitarios piques épicos la capitana Silvana Peralta, con el “9” en su espalda. El tiki-tiki, en cambio, lo aporta Boca. Empezando por el atildado tratamiento del balón desde la salida en defensa, con una precisión “de billar” en la rotación desde la marcadora de punta derecha Carmen Brusca, un importante refuerzo de la Gladiadoras, tras su paso por el FutSal Femenino de Italia. Aunque ese tiki-tiki es sólo la pausa que lateraliza para hacer rotar a las líneas ofensivas y buscar espacios al vacío. Esa es la variante del menú, cuyo plato principal es una verticalidad vertiginosa, “europea”, por las bandas. La entrenadora Marcela Losich parece imitar en su planteo táctico a la búsqueda de desborde impuesta por otro Marcelo: el Loco Bielsa. Una elección bastante lógica al tener en cuenta que las armas de mayor contundencia del ataque de Boca son las extremas: la “7” Yael Oviedo, y la goleadora del equipo, la “11”, extrema izquierda, Belén Potassa. No han pasado más de 20 minutos de juego, en los que las visitantes apenas han pasado la mitad de cancha, y ya se percibe la superioridad de estado físico de las locales. Buena parte del mérito de su superioridad en el campeonato es de Jorge Anro, el director de fútbol femenino del club xeneize, quien impulsó que las Gladiadoras hicieran una exigente pretemporada, algo que no se acostumbra en el fútbol femenino 11. Hasta hora. Y a los 25 minutos, hay que averiguar que el preparador físico se llama Osvaldo Lerner, para anotarlo como co-autor intelectual de la extraordinaria campaña de este equipo. A la media hora, la rotación, los cortinajes, y los pases rápidos en triangulación profunda entrando al área dejan sola a Soledad Jaimes, quien con un tiro bajo anota el primer gol. Potassa y Oviedo aumentan el marcador en una ráfaga imparable a los 30 y 31 minutos de la primera etapa. El moño, la frutilla del postre para el primer tiempo llegó a los 37 minutos con el espectacular, delicioso zapatazo de Andrea Ojeda, desde un tiro libre a unos dos metros de distancia hacia el medio campo desde el vértice derecho del área grande. Un golazo que se clavó en el ángulo opuesto de la arquera Masagli con una trayectoria inatajable, perfecta, “brasileña”.

“No hay nada más opuesto a una mujer fácil que una mujer libre”, definió con contundencia Simone de Beavoir. Con similar firmeza y categoría eludió ser presa fácil de la marca rival y quedó libre para convertir el quinto gol y definir de cabeza a los 5 minutos del segundo tiempo, agachándose casi en cámara lenta para darle direción con el parietal izquierdo, la goleadora Potassa, quien festejó muy especialmente este tanto, dedicando a la platea una mímica coreográfica conocida como “la cañita voladora” entre sus seguidoras. Otro centro atrás sirvió el sexto, a los 13 minutos, obfra de Yael Oviedo, la extrema derecha. Potassa, de media distancia marcó el séptimo, que la coloca en su cuenta personal a sólo 5 de la marca de 100 goles en su carrera, un récord para la categoría. Boca se consagró campeón de fútbol femenino con un récord impecable de 11 jugados y otros tantos ganados, 48 goles a favor y sólo 4 en contra. Ahora, en la próxima fecha, las Gladiadoras visitarán a All Boys de Mercedes con el título ya en la vitrina.

Pero los próximos objetivos de este equipo imbatible en el plano local son internacionales. Una gira por Canadá y Estados Unidos, las mecas del fútbol femenino (donde tras la formación escolar el soccer femenino es súperprofesional entre las adultas), y la Copa Libertadores frente al campeón brasileño en Foz do Iguaçu aparecen en el horizonte de los desafíos de un equipo que los enfrenta con éxito.

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