Por Georgina Buscaglia, especialista en color y cuidado del cabello @exhalapeluqueria

En los últimos años apareció una forma muy efectiva de vender cosmética capilar: la lista de lo que “no contiene”. Sin sulfatos, sin siliconas, sin parabenos. El mensaje suena tranquilizador, casi como si el producto fuera automáticamente mejor.
Pero muchas veces ese discurso responde más al marketing que a lo que realmente necesita el cabello. La realidad es que no existe un shampoo perfecto para todas. Cada cuero cabelludo y cada fibra tienen necesidades distintas, y entender esa diferencia es la clave para elegir mejor.
El shampoo se elige por el cuero cabelludo, está pensado principalmente para limpiar la piel del cuero cabelludo, no para tratar el largo del cabello.
Por eso el primer criterio para elegirlo debería ser preguntarse cómo es tu cuero cabelludo: ¿Es graso?¿Es normal?¿Es más bien seco o sensible?
Si el cuero cabelludo es graso, necesitaremos una limpieza que ayude a equilibrarlo. Si es más seco o sensible, la fórmula tendrá que ser más suave. Un buen shampoo es el que deja el cuero cabelludo limpio, liviano y confortable, sin sensación de pesadez ni de tirantez.
La máscara o el acondicionador se eligen por la fibra, porque trabajan sobre otra parte del cabello: la fibra. Ahí entran en juego factores como si el cabello está teñido, decolorado, seco, natural o sensibilizado.
Por eso es tan común escuchar: “tengo el cuero cabelludo graso pero el pelo seco”. Y es perfectamente posible. En ese caso, el shampoo se elige según ese cuero cabelludo graso, y la máscara o el acondicionador según la condición del largo. Tu propio pelo también te da la respuesta.
Más allá de las promesas del marketing, hay algo muy simple que muchas veces olvidamos: la sensación que te deja el producto. Si después de usar una máscara sentís que el cabello queda más suave, más dócil, se desenreda mejor y se ve más flexible, es muy probable que ese producto esté funcionando bien para tu fibra. No significa que sea el mejor del mercado ni el más famoso. Simplemente significa que funciona para vos.
Escuchar más al pelo y menos al marketing, porque cada cabello tiene su propia historia: genética, procesos químicos, herramientas de calor, clima y hábitos de lavado. Por eso es difícil pensar que un mismo producto pueda ser ideal para todas.
Hay tantos productos como tipos de fibras, tipos de procesos y tipos de pieles. Más allá de lo que diga el marketing, aprender a observar cómo responde tu cuero cabelludo y cómo se comporta tu fibra es una de las mejores herramientas para elegir bien.
Porque cuando un shampoo refresca tu cuero cabelludo o una máscara vuelve tu pelo más dócil, tu propio cabello ya te está dando una respuesta. Y muchas veces, esa respuesta vale más que cualquier promesa de la etiqueta.

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