10 de NOVIEMBRE Tradiciones Argentinas

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El 10 de noviembre festejamos en la argentina el día de la tradición y caemos invitados por la imagen del gaucho Martín Fierro en esa cosa de la tradición gauchesca. Tal vez por conmemorarse la fecha del nacimiento de José Hernández, o porque muchas de nuestras tradiciones tienen relación directa con lo agropecuario, la gente desfila en los pueblos de a caballo y con sus atalajes y ornamentaciones. Se disfruta de comidas típicas, asados con cuero, locros, empanadas, guisos bien “pulsudos” y el mate que pasa de mano en mano.

Parece que todo queda allí entre el folclore y el dulce de leche, la guitarra y los caballos, un asado humeante, un vino y el concepto de “tierra adentro”. Un festejo que nació de un libro que forma parte de la selecta lista de aquellos que son un manual para la vida. Allí en esa micro biblioteca donde descansan “el principito” y “el príncipe de Macchiavello” está este príncipe de los gauchos que de la mano del cumpleañero deja frases que describen la argentinidad que aspirábamos, la de la fraternidad, la del trabajo sacrificado y el amor por la tierra.

Pero de tradición hay que ser franco la argentina tiene tanto de rural como de urbano. Porque es tradición el tango, el folclore futbolístico, las pizzerías de Corrientes y el cafecito en el Cairo en Rosario, una empanada con una zamba en los bolichitos salteños o la pesca en los ríos de la Mesopotamia.

La tradición nace de compartir con nuestros hijos lo que nos dejaron nuestros padres, entender que se va armando desde la mezcla de tradiciones, la bebida en forma de infusión de un pueblo originario consumida por un resero que cuida el ganado de un animal traído de Europa como las vacas que hoy vemos en nuestros campos. La pasta italiana que proviene del fideo chino que nosotros consumimos los domingos en familia antes del futbol inglés con chorizos de raíces españolas en un pan como se comió por primera vez en la ciudad de Córdoba.

Las tradiciones cambian, se mejoran, porque finalmente todo viene de la combinación de sensaciones con olor a “la nona”, “al tata”, a ese plato que nos hace sentir en casa, a esos jazmines que recuerdan navidades en familia, a esos lugares que nos llevan otra vez a la tranquilidad de sentirnos protegidos, a salvo. La tradición somos nosotros, identidad en su máxima expresión, No tiene necesidad de llevarnos a lugares lujosos, solo alcanza con volver a sentirnos en familia por un rato.

Eso sí, el dulce de leche es argentino hasta en la anécdota de la cocinera de Rosas a la que se le paso la leche con azúcar, es tradición argentina ciento por ciento. Ahí no hay grieta ni discusión, no hay campo y ciudad, urbano o rural, Boca o River, peronistas ni radicales. Ese es todo nuestro, tanto que aún no me explico como cuando se produce la reacción química que hace que el azúcar se queme con la leche, el producto no toma un color celeste y blanco. Y con el dulce de leche los alfajores que son la puesta en valor del producto anterior.

Hoy festejamos una de las fiestas que, por ser más practicada desde la ruralidad, parece propia del campo. Pero vayan a preguntarle a un licenciado en sistemas que nació en Morón y vive en Oslo que defina tradición con un frasco de cartón de kilo de Chimbote en la mano.

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